El Chemsex no es una problemática en sí misma, sino una práctica de ocio que vincula sexo y sustancias. El objetivo del abordaje psicológico actual es que el usuario mantenga el control y la salud, sin juicios.Es el uso intencionado de ciertas sustancias para mantener relaciones sexuales durante un periodo prolongado de tiempo (desde horas hasta varios días). Se da principalmente en el colectivo LGTBIQ+, buscando aumentar el placer, la resistencia y la conexión.

¿Qué sustancias se utilizan?

Aunque cada sesión es distinta, el «triángulo» clásico incluye:

  • Mefedrona: Estimulante para la euforia y la conexión social.

  • GHB/GBL: Depresor que aporta desinhibición y sensibilidad táctil.

  • Metanfetamina (Tina): Potente estimulante que elimina el cansancio.

  • Extras: Poppers y fármacos para la erección (como Sildenafilo).

¿Qué riesgos tiene?

El riesgo no es la sustancia, sino la gestión de la misma:

  • Físicos: Sobredosis por mezclas (especialmente con GHB), deshidratación o transmisión de ITS si se relajan las medidas de protección.

  • Psicológicos: Aparición de ansiedad, episodios de psicosis por falta de sueño o dificultad para disfrutar del sexo sobrio.

  • Sociales: Aislamiento o impacto en la vida laboral si las sesiones se descontrolan en tiempo.

¿Cómo trabajarlo?

Desde la psicología, no buscamos prohibir, sino ayudar a tomar consciencia. Se trabaja mediante:

  1. Reducción de daños: Planificar dosis, tiempos de descanso y uso de materiales estériles.

  2. Límites de sesión: Establecer un límite de tiempo y dinero antes de empezar.

  3. Análisis de la función: Entender si consumes por placer o para tapar un malestar (soledad, baja autoestima).

  4. Recuperación del control: Aprender a decir «no» en la sesión y revalorizar el sexo sin sustancias.

 Si necesitas ayuda puedes contactarme para comenzar a trabajarlo.

Este contenido ha sido redactado y supervisado por Federico Corchen Nelli, Psicólogo Sanitario colegiado en el Colegio de la Psicología de Madrid (M-42605).